Sólo existe un principio en el infinito, emitir y recibir. La semilla lleva en sí el fruto y el fruto se compone de nuestra forma de sentir, pensar, hablar y actuar.

Cada cosa que hacemos es una semilla que ponemos en la Tierra de nuestra alma y por lo tanto, el fruto.

Vivamos atentos nuestros días para poder darnos cuenta de qué es lo que introducimos en nosotros mismos y como consecuencia, en aquello que nos rodea.

Así nos ahorraremos más de un sufrimiento.